14.10.18

¿Es este el otoño que nos prometieron?


























Debería simplemente decretar que debo dejar de ser débil. Que no hay algo más importante que el constante hecho de sobreexplotarse. Hace algunos años tenía bien en claro el asunto, y justo cuando estaba por comprenderlo del todo, se esfumó frente  a mis ojos.

Y justo ahora todos mis amigos dicen que lo entienden, y lo tienen frente a sus ojos y hablan como si estuviera justo en la misma habitación. Sigo sin poder ver una mierda, pero tratan de indicarme poco a poco a donde se ha desplazado, algunos incluso mueven mi cabeza. de pronto siento que esta no es la vida que me pertenece, he usurpado la vida de alguien más; que simplemente trato de hacer el menor cambio mientras el encargado regresa. tratar de cambiar lo menos posible, para que al regresar no tenga duda alguna de donde le he estado esperando.

En momentos suele dejarme algunas notas breves en la habitación, es como si estuviera expectante, pero no termina de regresar del todo; y lo único bueno de todo esto es que esas ganas absurdas de autodestrucción han ido disminuyendo, al grado de olvidarlo.

Al final de todo la única constante debería ser la incomodidad en cualesquiera de las situaciones, el saberse en transición entre un punto y otro. el saber que la incomodidad no es nada malo. pero vivo en este pequeño estanque en donde las aguas son calmas y no hay mucho que pensar; mientras fuera las tormentas azotan las costas y la gente sale a sortear las olas crecientes y dan toda su energía en esa lucha sin sentido.