31.10.13



Apenas he cruzado la puerta y no puedes culparme del todo; recién llegaba de un mar de tráfico entre media ciudad y tu presencia. Justo cruce y entonces te vi. no puedes maldecirme, ;tu vestido floreado como desde la primera vez, tu labial  nulo, el albor del horno con la cena; tú en medio de todo con una mirada desconcertante.

No hay poesía en tus labios, ni en los besos que me das, las caricias que vacías sobre mi piel están desabridas; hay algunos detalles que prefiero omitir, pero que tengo bien presentes. Siéntate un momento mientras decidimos que hacer, porque no hay peor invierno que el que está condenado con tu ausencia. No mientras las personas sigan con su rutina y yo sigo en una especie de shock mientras terminas de maquillarte.
 
Me enferma saberte, es como una sensación horrible que me surge de pronto, me siento mal y me da un asco terrible; ahora comprendo a J y sus situaciones de asco repentinas y me siento avergonzado porque es horrible. No hay nada más horrible que el verte de manera repentina cuando se tiene una paz establecida.

No podemos perder el control con esto que tenemos aquí; no después de tantas maneras horribles que tenemos de postergarlo todo. Hay momentos a los que no les falta nada, momentos que me llenan de nauseas; momentos que por el contrario les sobra todo y me llenan de un tranquilidad estúpida.

Así que cuando digo que no  enfades de mí, me refiero a que es viernes de fin de mes; las personas se encuentran frenéticas porque no tienen un lugar contigo en él, no tienen un maldito ligar al cual llegar. En cambio mírame frente a ti y tu desconcertada.

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