21.10.13

Olvide cerrar la ventana mientras dormía

No podemos negar que seguimos siendo los mismos crédulos que siempre hemos sido, desde los recorridos llenos de fantasía y lugares poco comunes, hasta los paseos repetitivos entre espacios de oficina; somos los exploradores entre copiadoras y máquinas expendedoras de refrescos, los laberintos laborales cada vez son más voraces y ya no tenemos tiempo para complacer peticiones ajenas.      Se me ha incrustado el sueño en lo profundo de los huesos, es algo que no me deja recorrer la ciudad del todo, pero, aun así es una calma que no puedo explicar; probablemente se debe al insomnio y su tonta manera de abolir los peligros inminentes, más bien de bloquear la percepción de peligros y daños. El insomnio entonces, es el culpable de ti, de tu peligro inminente que se disipa entre los días y los libros, el mismo que va inmiscuyéndose entre los viejos videojuegos y algunas cortinas.

Justo al despertar, ha olvidado por completo mi nombre,  no hay espacio ya en esta ciudad, al menos no si me sigo con este ritmo de autodestrucción y tabaco; el alcohol es muy de teenagers, es algo que no pienso vivir tan a menudo, más bien quiero vivir el viento en las ventanillas del bus y los carros en las autopistas, el estar atrapado en la nada y la sensación punzante de correr hacia cualquier dirección, aunque claro esta cualquier dirección siempre lleva al mismo lugar llamado confusión.


Quiero romper las ventanas de algunas casas aledañas y no tener que preocuparme por mi estúpida moral, simplemente llévame a cualquier lado, no importa si son las afueras de la ciudad o las entrañas del barrio antiguo. Quiero tener un espacio breve, en donde pueda concretar una atardecer de lo menos parecido al que veo todos los días; un atardecer entre las cejas y las puntas de mi cabello.

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