31.10.14

Winter Wooskie


Cuantas noches he gastado tratando de dibujarle; primero el cabello, luego sus manos, botas y sombrilla. El rostro siempre lo dejo al final, pues soy de fácil impresión y no quiero deformarlo con los demás rostros que veo a diario.

Lo peor es cuando se tiene el nombre bien presente y los ojos a juego, como retándole a uno. La astucia se ausenta y los labios no se mueven.

Puede – la palabra definitiva. No he crecido, tengo 15 años y sigue doliendo, como la escuela y la rutina duelen, entre el ocio y la habitación, las calles y el silencio que no se largan.

Tal vez todo sea cosa de seguir al tanto de lo que sucede en la ciudad y en cualquier momento todo puede dar un vuelco. Las calles llenas de gente que no es nunca más desconocida. Todo puede ser una señal: la radio encendida, la luz que se paga, la ventana abierta, las cortinas. Tú misma eres una señal, una difícil de entender.


Las señales claras son lo más aburrido que a uno le puede suceder, pues apenas se reciben y casi se están olvidando.

23.10.14

Precipitación

Justo voy saliendo de la oficina y parece el mismo miércoles. Hay dos chicas caminando en la dirección contraria mientras hablan sobre un chico. Estoy obsesionado con recordar cosas que no sucedieron. Me intriga la idea de saber a quién aguarda el chico de la esquina con el ramo de flores. Isaac dice que su dealer trabaja a unas calles, puedes llamarle a cualquier hora y siempre parece estar despierto. Las luces de los autos hacen más notables la lluvia que recién comienza;  de pronto todo parece tan real y nunca me sentí más despierto.

El camión ha pasado de largo, no ha tenido ni la menor intención de detenerse. El tipo junto a mi hace una especie de mueca; por mi parte sigo fascinado con la lluvia.

Hace unas semanas no me hubiera importado en lo mas poco, pero hemos convivido tantas meta relaciones que es difícil saber el origen de todo. La idea me ha robado el pensamiento desde las primeras noches que la he visto desaparecer. Me gustaría decirle que todo estará bien, pero es algo de lo que no estoy seguro. Probablemente todo sea una especie de confusión mientras buscaba las llaves.

A momentos siento que desaparezco entre las impresiones que las personas tienen de mí; entre los espacio de convivencia que resultan ser una trivialidad. Me agrada la ciudad cuando es de noche y la lluvia toma a todos por sorpresa, las calles quedan solitarias y las personas se esconden bajo las áreas menos concurridas. La tierra reclama el espacio sobre el cual hemos decidido edificar.

El despertador ha sonado más temprano de lo normal; todos siguen durmiendo y el sol ha decido no aparecerse todavía. la lluvia no ha cesado en lo absoluto.

16.10.14

Monterrey IV


La gente siempre a prisa, esperando el cambio del semáforo, revisando su celular. El fin de semana suele tardar tanto en llegar. Hay tantos rostros conocidos para ignorar, después de todo nadie finge ser una peor versión de sí mismo. Los ciegos del centro pueden sentir tu estado de ánimo, no hay que fingir más.

El último recuerdo que tengo del DF es irónicamente a Monterrey. Lo tengo presente con tu nevus entre desconocidos y recuerdos arraigados, con las caras largas del lunes y la poesía de tus manos. Tu nombre se ha quedado impregnado a los labios de tantos desconocidos y este es mi último esfuerzo por quitarlo del todo. Soy yo teniendo una discusión y tomando decisiones. No quiero más recorridos que terminan siendo regreso, ni regresos que sean ficciones.

Los días chocan poco a poco, la semana es un mar; somos bañistas remojando nuestros pies a la orilla, en la comodidad. Algunos piensan zarpar, pero ¿Cómo se puede tener esa claridad sin poder ver el horizonte del todo?

Los cigarrillos se terminan rápido y después de las 10 la ciudad entera se vuelve una laguna. Con toques salados y destellos dulces. Nadie quiere profundizar, cientos prefieren mantener la estela liquida de la situación. A momentos quisiera poder definirme con otra moral, pero tengo la necesidad idiota de sentirme bien.

Aún con el olor a basura y alcohol, la ciudad sigue teniendo un aura que me da una calma estúpida, un paisaje que se mantiene invariable en forma, los colores rotan a unos más ocres entre los claros y la oscuridad.

La siguiente embestida podría ser mortal, los autos ansiosos de poder descansar; y cuando las calles solas, ansiosos igual por demostrar quienes son. aquí no se es nadie si no se tiene una agresión vehicular.

Las mismas historias aburridas de bares y chicas, la irremediable previsión, tu ventana es el área perfecta para tomar un respiro, con el sol marcando una ligera línea de esperanza.


Quizá no esté equivocado del todo.