5.10.15

So carefree together that it does seem a shame



De pronto tengo la estúpida noción de no escribir nada de lo que acontece, como si la vida no significara nada o como si todo se tratara de un receso. Pronto el viento de otoño golpea la ventana, el eco de las hojas en las copas de los árboles. Toda la noche se vuelve una cúpula para preservar tu esencia en una ciudad cambiante; los aromas se desgarran en una fuga premeditada.

Han sido semanas difíciles, de pronto hay tantas cosas sucediendo y a la vez nada me sucede. Quisiera creer que el rush de todo sucede solo en algún lugar que ambos conocemos. Un lugar apartado a las afueras de la ciudad en donde las luces mercuriales no se comen las pocas estrellas que la contaminación deja ver. Incluso podría ser un lugar en el centro de la ciudad, entre las banquetas dañadas y los negocios abandonados, un lugar al que llegamos por casualidad, mientras los demás preparan su recorrido habitual.

Hay momentos breves –pero los hay- en donde todo parece tener el lugar y el tiempo adecuado, como cuando las miradas se encuentran y el tráfico en la hora cumbre se precipita ante nosotros, la tarde se desvanece, la ciudad se desvanece; incluso nosotros nos desvanecemos el uno en el otro. no estamos consecuentes de ello. De pronto el cielo da un vuelco y perdidos entre el ruido de nuestros pasos, escondidos ante el cobijo que solo el querer sabe dar, continuamos con lo que sea que suceda.

Entonces, cuando preguntas
  ¿Cuáles son tus planes para esta tarde?
Mi respuesta ideal e invariable

Tú.

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