25.2.15

Is this it


Estar vivo significa la inercia absurda de levantarse por las mañanas, de saberte con una rutina de horas y el tráfico a vuelta de rueda, un calor que se puede tornar lluvia con el aire gélido, las personas empujándote cuando llevan la prisa por llegar y seguir trabajando; estar vivo significa tener que aguardar a que la luz peatonal cambie a un tono más verde, pagar la gasolina, la renta y los recibos que tiene una certeza, como lo tiene la inseguridad de la cuadra de junto. A veces estar vivo es simplemente despertarse y comer algo que calme los ruidos del abdomen, dejarse caer el agua sobre el rostro y preguntarse que estarán dando en algún canal de la televisión, o tomarse el tiempo para poder perderle dignamente entre cualesquiera de las cosas se encuentren en línea. Vivo es una palabra que puede resultar absurda, uno nunca se la cuestiona mientras está en eso, es una palabra cuestionada cuando hay escasez de; pero quién soy yo pa decirles eso, pa tomar una palabra y explicarla hasta el cansancio y encontrarle muchas maneras. pa´mi no hay que buscarle tres pies al gato, más bien hay que buscarle porque el movimiento es vida y si te quedas calmo como cuando niño en las escondidas, nadie te encuentra; supongo que de adulto las cosas cambian y uno quiere ser encontrado y se mueve por toda la ciudad, con la hoja de vida entre los legajos, sorteando charcos y preguntando la hora. Se mueve uno como frenético y a toda hora y solo se toma un tiempo menor del recomendado para tener la calma mental de salir de nuevo.

Luego cuando uno está como no pensando, le llegan ideas, entre espera y espera cae uno en cuenta de que: Siempre serás más hermosa de lo que puedo recordarte

Justo saliendo de la bruma urbanística, los camiones llenos de personas con cara de mal humor y el clima que suele ser un factor decisivo cuando se trata de una ciudad; mi capacidad de recordar cosas se ve trunca y fallece a la menor provocación. No puedo recordarte con la certeza que me gustaría tener, ni con los colores vivos que amerita tu presencia; puedo tener un intento pero muy alejado de la realidad, una vaga figuración que va fugándose entre las personas.


Esta noche por ejemplo: yo con la ausencia que me es característica, al margen de todo y tú con el temple de siempre, alistándote para la batalla del mundo y sus modos de ser. La brecha se propaga pero tan solo para terminar juntos en una calma plausible que es tú presencia.

24.2.15

Night

I said "My one man band is over"
I hit the drum for the final time and I walked away



Hay una certeza absoluta en la muerte, que resulta inquietante; sobre todo si se habla de esperas y lapsos. Yo no sé qué luces son las que están adelante, ni los ruidos que me rodean, ni de que va todo el asunto; simplemente tengo en claro el turno asignado y el momento preciso, el cual es este breve espacio que estoy tecleando entre la tarde de un jueves y la madrugada de un viernes, los escalones obscuros entre traslados de un bar a otro en horas marginales. Los semáforos siguen parpadeando en rojo mientras cruzamos el eje de la ciudad y los indigentes gritando a los pocos transeúntes.

La ciudad tiene una especie de belleza perturbadora que sale a flote a estas horas de la noche, las historias toman un descanso de las batallas, se preparan en algún armario para el duelo del siguiente día; mientras nos preguntamos cuántas vueltas ha dado el camión y en que esquina es qué debíamos bajar. Hay una especie de señal inequívoca para cualquier pregunta que pueda surgir entre nuestra interacción, es entonces cuando las miradas se encuentran por casualidad, pero a estas alturas eso ya no es una casualidad, nunca más, es una baile sincronizado que va tomando su parte en todo nuestra estadía.

Ninguno de los dos sabe a dónde se dirige, lo importante es que si tenemos idea de cómo llegar. Dando vuelta en algunas esquinas próximas, a media calle, entrando por el estacionamiento y dominando la pila de escalones que a oscuras se encargan de proteger las conversaciones ajenas y mantener el anonimato. Es este presuroso paso que se vale de la guía de tu mano, lo que uno puedo pedir un sábado cualquiera; manteniendo el silencio y aumentando el ritmo es la rutina que vamos siguiendo al pie de la letra.




17.2.15

Somos Cuánticos

Esta noche justo he querido dejarte una nota en la servilleta de la cerveza, mientras tu cara trata de disimular la sorpresa e  incomodidad que acompaña nuestra charla. Un tipo se ha ofrecido a cuidar nuestras pertenencias y la mesera pasa de largo en cada momento que levanto la mano para ordenar algo más.
Hoy puede ser la noche de un día cualquiera en algún bar predilecto entre los que tantos solemos errar. Hay música de fondo y no sabemos bien que estamos escuchando, probablemente algo que no conocemos y que rechazamos inconscientemente

Somos cuánticos

Nos queremos al mismo tiempo, no importa si el día o la noche; si la lluvia o el sol nos azotan de imprevisto mientras nuestras magnitudes se esfuman. Nuestra pasión nos destruye, nos va desmembrando, nos lleva al nivel básico de nuestro encuentro, nos arrastra a un lugar donde siquiera la luz escapa con vida. Vamos como brincando y teniendo el extrañamiento que acompaña cada cambio, con la única certeza de sabernos perdidos el uno en el otro, y las magnitudes no comprenden nuestros alcances.

Póliza



Fuera del letargo absoluto que viene siendo la semana, los vehículos imprudentes y el cambio repentino de humor en el clima, mis días de ser un cabrón han terminado pronto, estoy listo para dejar los insultos y actitudes agresivas con extraños e idiotas que se pasan la luz roja sin la menor preocupación mientras te agreden por estar en la zona peatonal. Estoy listo para estar callado y calmo en la barra mientras algún desconocido me cuenta la historia de su vida y los tonos de voces aledaños se vuelven más exagerados a cada momento.

Entre los libros abultados en el escritorio distante y las ropas tiradas como minando el cuarto hay una sinergia que bien podría estar jodiendo lo que resta del lunes. Hace más de cinco horas que la lluvia de ha puesto de modo, el viento ha tumbado todas las toallas y los pies se me han puesto helados.

En un momento de lucidez he querido plantarlo todo, cosecharlo, tener un jardín en la ventana, despertar y ver el verde abrumador, recibir el aroma de las hierbas, preocuparme repentinamente alrededor de las seis y tener un sentimiento de culpa al ver las plantas secas y prometerme no ceder de nuevo a las distracciones; forjarme una rutina, una ocupación sistemática que me lleve de la mano entre los pasajes del día.

Así pues, mis noches se acrecientan, los crujidos me hacen compañía, los relojes me apresuran y gershwin me calma un poco.

Quiero volver.

He vuelto.

3.2.15

My Wandering Days are Over


Does that mean that I'm getting boring?

En determinado momento de la vida, uno tiene esa sensación estúpida de querer terminar con todo el alcohol del mundo, de ganarle la batalla a una idea que se instalado en el subconsciente, una idea que ha invadido otros aspectos básicos. la pelea se mantiene en pie por algún tiempo, entre diversos escenarios, lugares y personas que te alientan en tu debate interno sin poder intervenir.

Aún y cuando te encuentras en algún camino errado, las opciones base regresan y te retan a rendirte o continuar hasta que uno de los dos caiga, pero comienzas a cuestionarte la lógica dentro de lo que has estado haciendo, todo ha perdido el sentido absoluto y no sabes porque ha comenzado la discusión original.

Todo esto ha tomado sentido una noche mientras la ciudad con lluvia y nosotros en alguna terraza con la iglesia –no tengo idea del por qué siempre estamos rodeados de iglesias, supongo que es una costumbre que nadie ha cuestionado del todo, una iglesia por barrio, eso debe ser.- unos tipos bailando en un costado, las escaleras mojada y los tipos cayendo uno tras otro.

Mientras quitas las cobijas y abres las cortinas no puedes evitar tener una sensación con sabor a derrota, esa sensación absurda de creerse mala persona, de cruzar las calles sin tener la menor precaución, tomar los callejones obscuros y dar las vueltas como esperando encontrar la situación no prevista. Más que perder contra un enemigo definido, has perdido contra ti

Me gusta pensar que todo eso ha sido agua vieja, que son situaciones que recordare en determinado momento y me sorprenderé de lo ilógico que puedo llegar a ser; tengo esta nueva perspectiva, y quiero pensar que de cierta manera el hacerla sonreír me absuelve un poco de lo irritable que se ha vuelto la ciudad, del mal continuo  que acecha entre cada esquina y las miradas latentes de sus cómplices.