11.11.15

¿Cómo interpretarse a uno mismo?




Hace semanas que no tengo un rumbo definido en lo que se supone estoy haciendo; lo primero es despertar y llenarse de cafeína y detalles mínimos de la noche anterior, seguido de un crescendo de notificaciones sin sentido de las personas que no conozco y cosas que realmente no me interesan del todo. A esta altura de la mañana el desayuno es infranqueable, pues apenas he golpeado unos conceptos pendientes de mi lista, se duplican a la menor provocación.

Por todo lados soy constantemente bombardeado de lo que se supone debo querer ser y hacer, tengo correos pidiéndome que firme para salvar a  tal o cual petición abogando por el cierre de fronteras, desde la comodidad de mi caos tengo la ventaja de sentirme no tan mal sabiendo que aunque el remolino de pendientes y sin sentidos de la semana se acumula a mis espaldas, al menos he ayudado a algunas personas que la pasan peor.

Luego llegan los momentos absolutos sobre nada en concreto y la tanda de imágenes que solo buscan un segundo más de difusión, se resisten a quedar olvidadas entre las pilas de repeticiones almacenadas en algún servidor que ya ha vendido mi privacidad.

¿Es absurdo que la mayoría de las redes sociales tienda a recordarte lo que hacías antes en esa misma red social?

Aún recuerdo los primeros días de las redes sociales, al principio no eran gran cosa. Todo era un temor absurdo pues nadie quería perder su anonimato en el internet, era un derecho por el que generaciones habían luchado enteramente, la sensación de liberta, de ser una masa uniforme sin rostro que puede ir y hacer lo que sea donde sea. Al final todo ha cambiado y nuestros egos se manifiestan para tratar de resaltar y salir diciendo “hey, aquí estoy, soy tan único como tú” cuanto más específicos y más señas particulares podamos brindar, mejor. Nos vamos encasillando en las ramificaciones disponibles y al final está hecho, todos quieren sus 15 minutos de fama, el ser expuesto, exhibido y consumido; quieren la experiencia de hacer valer su decisión.

Al llegar, todo era como un salón en el cuál se le había citado a uno, estaba lleno de personas, amigos de tu amigo, que no conoces ni de vista, pero luego llega tú amigo y al sí lo conoces y te interesa saberle y saludarlo. Luego se va llenando de personas nuevas, que de cierta manera tienen alguna seña en particular y se deja entrever la relación con tu amigo y contigo y el flujo es orgánico, peor la experiencia se va multiplicando y es abrumador, al final se llegan hasta los últimos niveles de correlación y el vínculo casi es nulo; todo este salón lleno de personas se vuelve completamente intrascendente y en el mar de gente pierdes la pista de las personas con las que realmente te interesaba interactuar.

Es así como de pronto se pierde la novedad y no hay alguna manera de mantener, más que recordándote los viejos nuevos momentos que aquí tuviste “toma, para que te mantengas pensando que todo sigue su curso”


Para cuando vuelvo entre la sobresaturación de información y la ansiedad constante de nadar contracorriente gastando fuerzas en saber que sí y que no, es la hora de dormir.

Rima, azar y sentido

Dentro de la sincronía extraña y de momentos en los cuales deambulamos, encontramos un vaivén de rimas que nos golpean, como la pizza y la cerveza, los escalones y las luces tenues, las tardes y los ruidos ambientales;  aunque hay rimas no fonéticas como cuando nos recostamos y no nos vemos, o como cuando estamos hablando a momentos entre el cúmulo de tareas diarias.

Hay un sentido de simultaneidad en lo que va ocurriendo, que confiere una especie de niebla que aparta lo cotidiano. De pronto solo hay cosas nuevas, no rutinas mortales, ni repeticiones incrustadas, la ciudad se dignifica ante los pasos perdidos entre el asfalto y los edificios parecen un lugar ajeno, fuera del contexto.


Siempre el sonido tenue de la manos encontrándose, las miradas difuminando los bordes de lo conocido hasta llegar a los puntos de fuga; confiando en la falla de los sentidos, pues la incertidumbre involucra cierta belleza más allá de lo previsto.