19.8.16

Tezeta

¿Alguna vez te has preocupado por la curvatura de la tierra?

Son las 6:40 de la tarde y el bus va lleno, la gente se sostiene a como puede; las lluvias de la semana han dejado un clima nublado. Este no soy yo.

Una serie de imágenes llega, un arribo inesperado. Soy yo, en bicicleta sobre las aceras, levantando los pies de los charcos y pensando que no hay más que el viento en la cara y la hierba aledaña. Se esquivan los autos, pero no suelen apartarse tanto de las avenidas principales. Casi no hay personas que puedan constatar que sigo en algún lado. No hay mapas, ni rutas más cortas, no hay prisa, tampoco tengo en claro en cuanto tiempo llegaré a mi destino.

Durante las siguientes horas tampoco sabré mi paradero, no tendré en claro la hora de regreso, siquiera me daré por enterado quien llamó durante mi ausencia, los pendientes serán los mismos que al salir.

El semáforo hace un cambio de luces, comienza a llover. Es una tarde lenta de las que hace mucho no suceden.

Hoy tampoco tengo prisa.