6.6.18

Cómo ser un escritor



Comenzaré por decir que se debe escribir la mayor parte del tiempo y no perderse entre la pretensión de querer deslumbrar a la gente en los bares; dejar de lado el querer tener una conversación amena con una chica desconocida. Saber escuchar cualquiera de las cosas que la gente gusta de soltar repetidamente; se debe tener el carácter de la costa, siempre en constante lucha con las frases y situaciones venideras, recibir los golpes y fingir que no se cambia -aunque en el macro de todo, en una pequeña escala ese encuentro desgasta y se lleva una parte- afilarse con cada conversación, pero ser breve en cuanto a lo que se dice cuando no se está escribiendo. escribir todo, de todo por irrelevante que pueda parecer. elegir tu bebida, beber y seguir bebiendo a la par de lo que se teclea - puede ser agua-. tener siempre donde descargar lo que llega del golpe, por anticuado o moderno que pueda resultar. saber que de cierto modo es una catarsis que podrías olvidar repentinamente a media conversación una noche calurosa entre un parque y un centro comercial. Creer en algo, ser suave con las creencias de otros. Escribir en crudo lo más posible, aunque esto puede quedar a consideración de lo visceral de sus gustos.




pero sobre todo, escribir.



18.4.18

¿Por qué he de matar el tiempo mientras muero?



Es un duelo ingenuo el pensar que se tiene el control, el creer absurdo que se mata el tiempo entre sucesos, que se le da next al momento de ocio y se llega a lo interesante. Todo esto es una travesía que debe disfrutar por partes. Si todo en la vida fuera tan excitante no tendríamos momentos de emoción verdaderos, aunque hay bajos y altos en diferentes aspectos. Mientras es una sorpresa alcanzar el último bus a casa, tambien lo es ser aceptado en la universidad o incluso dejar de militar.

El despertar se vuelve un fade in con los ruidos cotidianos, el ajetreo de las aves, los autos y mi familia conversando en un volumen un poco arriba del moderado. Conversaciones fluyen acerca de los sueños y rutinas venideras. Los veo manteniendo mi distancia y me doy cuenta de que en algún momento añorare estas mañanas llenas de murmullos, en algún punto cuando esté solo y todos demasiado enganchados para notar que no hay vuelta atrás.

De cierto manera este suceso llamado vida, se asemeja más a un sueño. No tengo idea de cómo he llegado a este punto, no tengo idea de lo que sigue; solamente queda aprovechar los breves espacios de guerra en la trinchera cotidiana. Tomar frente y dar guerra. No todo lo que es guerra tiene finales desastrosos. Queda la guerra a la indiferencia y los viejos conceptos, con un poco de enfoque lo mundano y ordinario puede volverse un suceso único.

Llegará una mañana donde tus problemas dejarán de ser mundano, momentos en los cuales quisieras que tu preocupación fuera el auto que no enciende, o el olvidar pagar la factura de la luz. De nada de esto estamos seguros.

Queda consumirse lentamente, como quien olvida un cigarrillo encendido y el viento le pasa encima acelerando el proceso; una polilla en el incesante golpeteo con la bombilla, creer que hay alguna especie de plan superior que unifica cada uno de nuestros miedos.

Hay quienes ríen ingenuamente de quienes miran frenéticamente el brinco continuo del segundero; otros más revisan de manera constante las notificaciones mientras se dirigen con prisa a ningún lugar en concreto, mientras el semáforo hace el cambio de luces.



What do I want with all these things?

15.2.18

contactos de emergencia


Nosotros en nuestro delirio quedamos calmos en un escenario contemplativo despreocupado.


Uno de los últimos buenos gestos que puedo tener en la vida, es poner de contacto de emergencia alguien que me detesta, alguien que me aborrece y se alegra de mis malos momentos, de esa manera, en cuanto tenga un percance y este de gravedad, o muerto en el peor de los casos; alguien va a llamarlo y avisarle que estoy muerto o en vías de estarlo.

De cierta manera el poner a un ser querido de contacto de emergencia es un gesto egoísta, pues se espera la preocupación, el saber que mínimo tenemos importancia aún y cuando esta persona no pueda hacer nada mediato para solucionarlo, lo dejamos cargado con la preocupación a la espera de lo peor.

10.1.18

El anonimato de conducir en la urbe





Siempre al conducir siento que la gente es más agresiva de lo necesario. Aceleran, cierran y agreden, muchas veces sin un motivo verdadero, llevan prisa por estar a tiempo en lugar que al final es irrelevante. los 10 minutos extras de antelación que pierden en los comerciales del cine o la fila de la dulcería. el tiempo que esperan en el cajero mientras el de adelante recuenta los sucesos clave de su vida.

Aceleres para cruzar el ámbar del semáforo y frenar de inmediato por el amontonamiento de autos a causa de un semáforo delantero. aceleras para contaminar más en menos tiempo o para salvar segundos que perderás dando likes después.

El Instituto de control vehicular debería impulsar una lucha enérgica contra el anonimato de los conductores, quienes, al saberse observado por el oficial de tránsito en una zona escolar, bajan la velocidad y se vuelven el ciudadano ejemplar, pero solo por unos segundos, pues apenas lo pasan, aceleran de nuevo.

uno como conductor no tiene mucho con que defenderse, tan solo paciencia y cuidarse de los otros; sé que soy un mal conductor, y lo tengo en claro. así que trato de ser precavido pues tengo el doble de posibilidades de tener un percance. al final del día, en la fila de la vuelta, solo me queda ver la placa del auto delantero y no saber nada de quien se mete de pronto o quien da vuelta en doble fila sin avisar nada.

En cambio, si hubiera algún modo de saber que la persona que va delante tuyo es x´s persona que hace tal o cual labor humanitaria cambiaría las cosas, incluso si estuviera por ahí conduciendo y sé que alguien puede saber de mi me daría pena ser el conductor que soy, trataría de ser el conductor ejemplar, el que respeta los pasos peatonales, la velocidad máxima y los altos.

Si tan solo existiera alguna manera de evaluar la experiencia de interacción entre conductores



 oh god.

Viajes astrales en tiendas departamentales.




Me encontré extraviado en un liverpool cercano a casa, buscando una fragancia sin sentido, recorriendo los aparadores y las islas de toda la sección; el olfato no es opción en este momento y sigo sin encontrar la ubicación de mi meta. así que, rendido a semejante maratón de distracciones, resignado me le acerco a la demostradora y preguntó por la fragancia en cuestión. Sin inmutarse voltea con la vista al horizonte e indica con la mano la dirección de dónde vengo, mientras "agrega está ahí"

Regreso en la misma dirección y trato nuevamente en una segunda ronda de encontrar el perfume. sigo examinando más de cerca los estantes y sigo sin encontrarlo, me siento optimista, cercano a mi destino, pero aún, nomás no aparece.

Le pregunto nuevamente a la señorita, y señala con la calma anterior nuevamente y agrega incluso en cual repisa se encuentra, me da referencias de los artículos aledaños; tanta descripción me abruma. hago un nuevo intento. decidido a salir victorioso, sigo buscando en los entrepaños que me dijo, incluso entre los artículos que mencionó.

No lo encuentro.

Otra empleada que pasaba por el lugar ve mi frustración, me pregunta amablemente que si puede ayudarme en algo. le cuento lo sucedido, y enseguida me responde, que no es culpa mía el no encontrar lo que buscaba, no es falta de destreza ni error de la empleada; lo sucedió es que la capacidad de esa empleada es tal, que suele tener experiencias extra corporales. así que probablemente me indicaba los estantes en alguna otra sucursal del país o con algo de mala suerte un lugar en el tiempo espacio que se encuentra fuera de mi línea.

Me resigno.

La alternativa que recibo es hacer un nuevo pedido.


Salgo confundido pero contento.


Tráfico




Tráfico en cada maldita calle de esta ciudad; -me pregunto a dónde migrará el tráfico vehicular durante las madrugadas o las mañanas frescas- mientras los semáforos sincronizados marcan una sinfonía de luz.

las calles en hora pico se vuelven una orgía de decepciones que lentamente diluye el semblante de cualquiera con una hora en mente. cuál es la puta necesidad de ir rápido a todos lados.

Muerte a los cronistas y a las constantes líneas que suelen trazar, pues no dicen nada acerca de mi vida y constante conflicto entre vivir al día, tratar de sobrevivir a la contaminación absurda de la urbe, y los carentes sistemas representativos. ignoran a quienes despiertan entre las calles sin tener un rumbo definido, un resguardo del tiempo, algo.


Lo único relevante de tratar, es cómo se ven envueltos con quienes los ignoran; así, finalmente formamos un ciclo constante de ignorancia, pero no de la que habla desde el desconocimiento, más bien la que surge de omitir intencionalmente.