22.6.11

Sobre los martes

Últimamente he tenido 23 años. La edad mítica, y no es que me queje, más bien es agradable tener de nuevo una edad mítica, como también los 42 pueden llegar a  serlo.
A veces cuando veo el frasco que me regalaste lleno de h2o, me dan ganas de inyectármelo de lleno. “para cuando te sientas mal” o algo así mencionaste.
La vida o como le dicen a lo que nos sucede cuando estamos consientes es un proceso de conjeturas y diversión.
Porque no llamarle vida también a lo que sentimos. O mejor aun vida incluso cuando se duerme. He llegado a creer que el sueño, es la vida misma. No como una especia de complemento, no como la papas cuando compras la hamburguesa.
Lo que pasa es que a veces nos gusta ser no complicados. Pero por qué no complicarnos pensando que aquello a lo que llamamos sueño es lo que realmente vivimos, donde todo transcurre sin sentido.
A veces me gusta complicarme, complicarme viendo fotos tuyas. O escribiendo cosas que no han sucedido aun, como la vez en que nos conocimos en esa cafetería. Llevabas tu suéter gris. Para variar yo tenía nervios, como casi siempre. No de los nervios comunes “malos”, más bien eran una especia de nervios ricos y deliciosos, eran nervios que me comían por hablarte y saber de ti. Cruzar palabra contigo y esperar a que el universo hiciera lo suyo.
Porque por mi parte  yo ya habría hecho  lo mío buscándote.

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