16.12.11

Ceteris paribus


Podríamos haber coincidió un par de veces en lugares comunes, entonces tuvimos una especie de revelación. Te pedí un cigarrillo y dijiste que no tenias con que encenderlo. No pasamos de algunas breves palabras, y siempre me pasabas de largo. En medio de tanta gente podría ser usual. Pero siempre tuve curiosidad. Hay mucho más. Conocer que te motiva a levantarte las mañanas de domingo, que te obliga a irte a la cama temprano. Conocer cada una de tus manías, y pequeños secretos que no le has contado a nadie. Saber que música te interesa y que hace vibrar tu corazón. Que te hace sonreír y a que cosas les tienes pavor. ¿Porque eres tan reservada? ¿Por que llevas el cabello recogido, si suelto se te ve mejor? ¿Por qué es que no sonríes, se te escapo algún viejo amor? ¿Acaso es que alguien te ha herido? ¿Acaso fue algún amor anterior?
Todo esto me interesa, porque jamás me intereso saber las cosas anteriores que ocupaban tu corazón, cada cosa simple cada detalle que paso. Pero todo esto ha cambiado en aquella protesta que cruzamos miradas y todo de pronto fue algo claro. No sé si es alcohol que tengo en la sangre o el frio que en ese momento sentí, pero nunca me sentí más vivo que cuando gritabas a mi lado muerte al mal gobierno. No conozco tu nombre y no lo quiero conocer, porque tienes pinta de un nombre con agonía. Uno de esos nombres que surgen con muchos problemas, más que gramaticales son del tipo que te dan dolor. Viene acompañado de una larga historia de un chico que jamás te amo, con quien no te sentías viva.

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