19.1.12

1930


En ese entonces era yo un poema de 1930, uno de esos que están doblados entre las hojas de una vieja libreta. Pudiste encontrarme un viernes, pero no me leíste hasta un lunes por la mañana. Era una de esas hojas amarillas a las que no se les presta mucha atención sin duda creo que eso fue lo que te atrajo de mi, pues en algún momento comenzaste a leerme sin titubear.
Me leíste detenidamente en voz baja, respetando cada signo de puntuación y con la correcta entonación. Me releíste dos, tres y hasta 4 veces. Admito que me sentí muy emocionado, pues nadie me había leído así antes.
Me hiciste vivir algunas pasiones que nunca tuve desde que me escribieron. Desde entonces pienso en ti todo el día. En la desconocida que me dio ese sentimiento para sentirme vivo de nuevo. Tal vez el amor que hay entre nosotros es un anacronismo, o una especie de revelación. No creo que sea ilegal. Lo más seguro es que se trate de lo primero pues tus labios no le corresponden a los míos en esta justas parte de la historia. Puede que este viendo directo hacia tus ojos, pero no encuentro mi reflejo y de nuevo tengo ese sentamiento como que te vas sin decir adiós, cierras  tu libro y de pronto todo es igual.

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