11.2.12

DVT


Te voy a escribir la historia de tu vida. La que no te mereces. Podría empezar narrando como nos conocimos una noche de verano. Hablamos de bandas. Hablamos de cosas sin sentido. Hablamos de cualquier mierda que en ese momento pasaba por nuestra cabeza. Odiábamos al mundo. Odiábamos a la gente feliz. Odiábamos la clase de física aunque yo secretamente le amaba. Lo que siguió después fue confuso, porque recuerdo una secreta obsesión. Quería saber que hacías a cada instante. Recuerdo haberte seguido un par de veces.  Recuerdo a tu novio, quien es un imbécil – eso lo escribo en presente porque lo sigue siendo-  tu corte de cabello. Las platicas en la madrugada. Tu teléfono sonando y tú políticamente disculpándote para contestar. Un miércoles en marco y a la vez en un cine. Una película mexicana. Una banca. Tú casa. Un parque y los niños corriendo. Tu vecino que siempre ponía canciones aburridas. Yo junto a ti bailando aunque no siguieras mi ritmo. Esperando a que tu madre despertara. Viendo televisión hasta altas horas de la noche. Sé que no has cambiado. Puedes cambiar tu ropa, tu forma de ser con las personas, la música que escuchas, la manera de sacar tu odio, tus obsesiones, tu manera de sostener tu cigarrillo, pero no has cambiado. Porque eso nunca cambia. Sigues siendo en el fondo, la misma persona que conocía una noche. Estabas perdida entonces y estas perdida  ahora. Podría telefonearte ahora y decirte cuanto te extraño, pero eso sería extraño. Es decir hace cuanto que no nos vemos. Ya no recuerdas mi nombre. Sonríes igual. Volteas de la misma manera. Tu cuello aun tiene esa marca. Tu mirada aun hace los mismo movimientos. 

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