14.3.12

Lo que diré a continuación no tiene nada de relevante pero quería decírselo a alguien.

Especialmente porque se trata de un acontecimiento de infortunio en un martes trece. Podría haber sido una noche cualquiera, como suelen ser las demás. Pero tu imagen se coló por la pantalla de mi computadora y aquí me tienes escribiendo algo sin dirección; oye así me siento cuando son temas relacionados contigo. He de confesar que le he escuchado hablar y me sentí feliz. Le vi bailar y perder el pudor. Cruzamos algunas palabras pero nada personal. He decidió saludarte aunque no me veas al pasar, Hacerte poemas al margen de mi cuaderno y hablarte para contarte cualquier estupidez que me emocione. Una carta con un número telefónico al cual no quería llamar. Un suéter que solía usar porque atraparte con él.
Aunque a veces creo que cuando llegue el momento al mundo no le pasara nada. Entonces podría llamarte y decirte: “hola, oye siempre no se acabo el mundo”
-luego dijo lentamente: “pásame el aire y déjalo ahí”-
Eso me dejaría los problemas relacionados con los regalos de navidad y el pago del predial. Que podría venir acompañado de una sensación de ansiedad, que luego se podría manifestar un día sin ningún sentido.
Despertaría y tendría esa sensación de que todo va cuesta abajo, me levantaría de la cama solo para confirmarlo. Podría pasarme el día entero encendiendo y apagando el foco de mi habitación, pues eso mantendría una ilusión de control, crearía un evento que al menos yo pudiera controlar completamente.

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