26.4.12

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Fue una tarde de abril, mientras el clima estaba alrededor de 38°c. Estaba atrapado entre mis pensamientos y el tráfico de las 5, en una calle que no solía frecuentar. Justo comenzó una canción suave que me hizo voltear, en la acera donde el sol daba con mayor intensidad estaba esta chica  de cabello largo y un suéter a rayas. Se escondía detrás de un poste de luz mientras el sol aumentaba el calor del lugar y ella no dejaba de esconderse. No es que estuviera impresionado, pero creo que fue divertido. En esa época yo era un chico algo perturbado por la vida. Solía cargar varias libretas dependiendo el tipo de ideas que golpearan mi mente alrededor del día. Si ella no hubiera hablado de sus películas favoritas probablemente hubiera tomado nota en mi libreta negra. De haber mencionado algo de música extravagante hubiera hecho algún dibujo en mi libreta azul, pero como paso  de largo haciendo todo a la vez decidí pintarme su nombre en el antebrazo con marcador. Fue entonces cuando desperté y no había rastro de la chica y su suéter. Desde entonces me gusta salir a buscar peligro por esa vieja calle que no solía frecuentar, llevar una imagen más clara de cómo te planeo encontrar.

1 comentario:

Arturo Contreras dijo...

Las sensaciones relatadas aquí, invaden a los regiomontanos -gracias al calor- de la misma forma en que es producida la epilepsia en los argelinos.

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