16.10.12

Deuce


Nunca me he considerado una persona de deporte, así como hay personas que no se consideran de gatos o perros. Probablemente es que ese asunto me tiene sin mero cuidado y para no sonar tan lerdo me gusta decir que no soy de deportes. Me gusta el tenis, pero no lo considero un deporte dentro de mi vida. Suelo estar con mis pensamientos, lo cual creo es una terapia que deberían tener todos, les guste el tenis o no.

La ciudad se ha puesto a modo, con este clima  que me hace pasearme por las aceras. Me ha bajado el ritmo de los pasos y las maneras en las que la vista me va dictando los paisajes. De cierto modo creo que no me sentiría igual de cómodo en otra ciudad. Después de todo lo que ha venido sucediendo, me siento con la seguridad de decir que esta ciudad es mía. No creo que sea de los empresarios, me atrevo a decir que repudio la idea enérgicamente. No es del narcotráfico porque ellos no saben apreciarla. No tengo muy en claro su visión sobre lo que está sucediendo, pero si pudieran tener unos momentos de claridad con lo que tiene en frente, no estarían explotándola como lo hacen.

Una ciudad bondadosa, para un montón de gente abusiva. Incluso las personas amables son recias en su ser. Como en todo hay excepciones, como la pizza de los viernes, el corporativo en el piso 9, la tienda de la esquina donde la agencia y el metro.

A veces me siento como un foráneo en los territorios naturales de mi condición como estudiante. Debe ser extraño sentirte como un foráneo en tu propia ciudad. Como descubrirle otro aspecto a la ciudad que tanto vives y sueñas. La idea cercana que tengo es la vivir en un sótano por alguna calle poco transitada del centro.

Luego me atrapa la idea de soñar con gente desconocida. No desconocida del todo, sino una conjunción de rasgos extraños tomados aleatoriamente de todas las personas que veo en el día. Así pues, tomaría los labios de la dependienta de la papelería, las mejillas de la chica que estaba leyendo en el metro, tu cabello corto y dependiendo el día de la semana, cambiara el si llevan bata o no.

Tengo la inquietud de saber si la ciudad está en común acuerdo conmigo. Si sabe que la recorro como con una forma humana. Sintiendo su carácter en constante cambio. Sabes, ella y yo nunca nos vamos a terminar de entender. No necesito entenderla, o al menos quiero pensar eso. Me basta con saber que nos movemos a la par, sin saber lo que piensa uno del otro, los silencios en las plazas públicas, los recuerdos atorados que se soslayan entre las rejillas de lugares públicos y el aroma que con el invierno suele durar un poco mas

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