7.2.13

El gato se llama Sebastián


Las sonrisas siguen su curso mientras cae la tarde. La noche amenaza – como siempre- lo poco que queda de nuestras siluetas. No tengo idea de ti, ni un rastro palpable. Alrededor la hierba sigue su itinerario. En esta época del año, la calle suele tener un solo sentido, así que cuando lo terminemos de recorrer, no tendremos lugar al cual regresar.

Sabes, por las noches cuando pienso que se ha extraviado, decide darme una sorpresa y aparecerse en mi balcón. No puedo cambiar su naturaleza, suele traerme aves muertas y ratones agonizando. Mientras termino mi cigarrillo sueló conversar sobre la vida.

¡Oh Sebastián! ¿Qué voy a hacer con ella?

Si de golpe olvido las tardes que llevo conmigo, si una amnesia emocional se hace presente y no tengo elección.

¿Qué voy a hacer? Me conoces mejor que yo

Sabes, ya no me quedan recuerdos. Me queda una mutación, un suceso alterado miles de veces. He intentado –realmente- pero no logro nada.

Supongo que desvanecer es una forma de viajar.

No estaré muy seguro del todo, pero me quedaré unos momentos.

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