26.8.13

Astenia

Justo al despertar, me invadió el cansancio; ni el sol del mediodía, ni los ruidos del tren me hicieron distraer. El cansancio que desde hace unos días ha venido siendo el huésped no deseado, se alojó entre los huesos, va calando conforme va pasando la noche y justo al despertar tiene la fuerza de todo el reposo posible. Ese cansancio que me lleva meses de ventaja, justo después de tu partida. El que me va impidiendo ver más allá de la habitación, el que me mantiene sedado entre sueños y silencios.


Después de algunos días, uno aprende a vivir con el cansancio, hace de tripas corazón y se traga todo el cansancio que tiene; de cierta manera el cansancio se vuelve la fuerza central de las labores domésticas cotidianas, de los empleos de oficina, de las rutinas mediocres. El eje central de este texto por ejemplo es el cansancio mismo, porque en un punto todo es tan cansado y aburrido que simplemente esperas perderte y no saber nada durante un par de días, pero esto es un recorrido para siempre terminar donde todo comenzó: el mediodía de un lunes apenas perceptible.

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