10.9.13

Déjà vécu

De pronto tengo la sensación de haberte vivido hasta tú muerte, de saberte cada pinche gesto que puedes lograr un domingo entre el bullicio de los niños; tus labios yacen sin maquillaje entre la palidez de tus ojeras.

Nunca entiendo las caminatas que pueden llegar a retrasar los espacios neutros, ni los protocolos de las fiestas familiares; es algo que siempre me termina por sorprender. Soy el mal karma que tu madre nunca terminó de comprender; mientras la cena continúa en el sentido correcto.

El salir apresuradamente fingiendo tener algo que hacer, es la rutina de sábado que solía conocer. Buscar espacios nuevos para terminar con los mismos trucos baratos que no recuerdo del todo. Hacer las paces antes de cada discusión: “nada de lo que diga ahora tendrá sentido, porque estoy enfadado y te quiero” volver por un helado para resaltar los puntos clave.

¿Qué pretenden las calles oscuras, los charcos y algunos baches? quizá no debería seguir esta ruta, el protector de la ventana me es demasiado familiar y la calle al final es justo un espacio que fácilmente podría recorrer.


A pesar de las películas y libros, todo esto termina en domingo, pues eres un menjurje de situaciones dominicales; eres un domingo eterno.

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