22.10.13



Amanece la ciudad, como amanece tu presencia; y se disparan los inciertos y la tos es persistente. Hay poco más de 60 personas y todas tienen tu nombre, tu voz, tu cabello.

El sol se sigue, como dibujando la línea de tu mano, la línea de la vida, del amor y de algunas viejas fortunas. No hay lectura errónea en esta despedida, no hay improvisación en este encuentro fúnebre. Más bien somos premeditados, premeditados desde que la pintura, fotografías y chocolates. Este tipo de silencios, siempre me parecen mortales, aunque debo admitir que me gustan, pues se puede saber todo de una persona en un silencio, se quiere todo; ya todo ha sido dicho, no hay porque hacernos tontos entre  ruidos inaudibles.


Entonces, no hay nada más que decir, por el contrario, nos queda mucho por hacer, nos queda la vida, las flores, las alegrías y las tristezas, las caricias y los enojos, algunas canciones que nunca vamos a terminar de entender, al igual que algunos nombres parecidos de personas distintas.

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