28.10.13



Las cosas buenas se vuelven malas mientras la noche se va acrecentando; no es una cosa meramente relacionada con la contaminación  radiante, el fuego latente ni mucho menos las malas compañías. Son de las mejores historias que uno puede cargar a su brazo. Entre tanto alboroto parece que han dejado de lado el estado de alteración, alguien parece haber tomado mi brazo, mientras los chicos siguen la fila para vomitar.

Hay alguien muy ebrio buscando pleito, el barandal parece no tener respuesta,  se siguen armando de palabras, hasta que uno de los dos es sorprendido a golpes. Justo en la cocina alguien ha pedido de cenar; a nadie parece importarle la cena, han estado buscando desde un tiempo atrás algunas botellas llenas, unas botellas que se encuentren listas para vaciar.

Justo va saliendo del baño, es la que alentaba la fila, pues nunca terminaba del todo de vomitar. Es tiempo de vernos extrañados; afuera sigues cayendo y quemándote entre cigarrillos, el frio sigue igual de molesto como la lluvia. Lo que pasa, es que esto es meramente rutinario, es una rutina mortal; no estoy seguro de quererme quemar del todo. Tu nueva vida parece llena de complicaciones y ese es un riesgo que estoy dispuesto a tomar.

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