11.12.13

Take you on a cruise

Entonces, todo es así como de improviso; creo más bien que es como un cliché de alguna película cheesy. El destino que surge ante el par de miradas: San Cristóbal de las casas, de pronto sus pinos y calles tranquilas son los compañeros de algunas palabras que poco a poco van topando en tus labios y tus labios son la guía turística perfecta para un lugar en el cual nunca hemos estado y la noche viene y nosotros vamos, pero no hay prisa.

En las mañanas siguientes todo mejora y es del todo extrañarse, pues nunca puede ser todo demasiado bueno, al menos sé que nada puede mejorar después de tu paso por mi isla y tu naufragio en mis costas; más bien creo que no es un naufragio, pues no es una catástrofe en ningún sentido. Tampoco es un atraco, pues soy una nación desolada.

La sombra en tus mejillas te da un aura perfecta, no hay más que decir. Lo entenderá quien ha sorteado esa sensación de tranquilidad que puede irradiarle otra personas en algún momento de perdición entre tantas almas abarrotadas, noches continuas y fluyentes como diálogos de Blade runner.

Luego se viene el tifón y nos deja desahuciados. Las calles ya no, ni los pinos, ni las plazas.

Al final, el amanecer con la incertidumbre de rigor, pero con la calma que solo él sabe y que tu también.

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