29.7.14

La mar

Como siempre, se llega la tarde y la oficina se queda muy en silencio; el sol entra con algo de intensidad muy incongruente para la hora. no puedo evitar ahogarme de poco apoco con la ola constante que me llega a momentos;  permanece calma cuando el ruido está merodeando, pero al caer la tarde y quedar completamente solo, se presenta de poco en poco.

Todo se vuelve una rutina estúpida de jalones y escondites. las calles son bien angostas en este punto, las cosas son inexistentes y desde cualquier punto de la ciudad la vista es casi perfecta


entonces, despiertas un domingo y te das cuenta que todo es un vacío y que el domingo es el mal necesario, es necesario saber que tan vacío se puede llegar a vivir, para poder irse completando con lo que acontece en los días, y este reset dominical es necesario para no detenerse nunca. a menos claro, que lo que uno busque sea detenerse, y es en específico en cuanto se escucha el mar y las olas, que podrían parecer un sonido conjunto, peor el mar es intrigantemente clamo y feroz, y las olas son el quiebre de todo, de la psique, la civilización, las filas en el supermercado, los procesos obsoletos ante cajeros dañados, los formatos tributarios y la inercia estúpida llamada rutina 

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