31.10.14

Winter Wooskie


Cuantas noches he gastado tratando de dibujarle; primero el cabello, luego sus manos, botas y sombrilla. El rostro siempre lo dejo al final, pues soy de fácil impresión y no quiero deformarlo con los demás rostros que veo a diario.

Lo peor es cuando se tiene el nombre bien presente y los ojos a juego, como retándole a uno. La astucia se ausenta y los labios no se mueven.

Puede – la palabra definitiva. No he crecido, tengo 15 años y sigue doliendo, como la escuela y la rutina duelen, entre el ocio y la habitación, las calles y el silencio que no se largan.

Tal vez todo sea cosa de seguir al tanto de lo que sucede en la ciudad y en cualquier momento todo puede dar un vuelco. Las calles llenas de gente que no es nunca más desconocida. Todo puede ser una señal: la radio encendida, la luz que se paga, la ventana abierta, las cortinas. Tú misma eres una señal, una difícil de entender.


Las señales claras son lo más aburrido que a uno le puede suceder, pues apenas se reciben y casi se están olvidando.

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