17.11.14

No puedo dejar de soñar contigo.

El ritual suele ser el mismo: al llegar me quito los zapatos y me recuesto con todo y mochila sobre la cama, enseguida enciendo un cigarrillo y lo fumo viendo la pared del pasillo. Dejo pasar unos minutos, unas horas, el mayor tiempo posible entre el arribo y la llegada; quiero prolongarlo todo, dejarlo hasta que se me olvide, pero no es así, todo toma más fuerza; en este punto ya no hay nada que hacer.

Lo primero es cambiarme, ponerme cómodo, dejar de ser el yo que lidia todo los días con la parte exterior del mundo, tener ropa que me recuerde lo que se supone debe recordarme. Luego los textos, unas breves líneas, unas breves memorias. de pronto los trigales, las oleadas de viento, y algo de polvo. entre los senderos lejanos y caminando, tu presencia.


Estoy cansado; cansado de ti y de mí. Cansado de lo que implica no poder hacer nada al respecto, de tener que lidiar con el desconcierto incontrolable. Brevemente estoy llegando a un punto de equilibrio, en donde lo natural es despertar exhausto. 

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