16.12.14

Esta nota habla de cómo trato de explicarle a hemingway que te quiero, todo esto en medio de un barco con rumbo perdido al cual se le aproxima una tormenta; La cual diezma la tripulación pero deja en claro el audaz espíritu de supervivencia de hemingway. Todo esto ocurre mientras dormimos con gesto apacible en una ciudad lejana y nadie sospecha que te quiero, porque en esos temas nunca debería existir sospecha.

No tengo en claro como comienza todo, pero estamos en alta mar y están Luis, hemingway y demás, hay un lugar al que le tengo pavor, es un salón donde aparece una anciana. El salón tiene una duela que cubre toda el área, un candil cuelga en el centro de la habitación y es el que ilumina la misma. Afuera el sol se va ocultando, va en una caída lenta en la dirección opuesta a nuestro destino. No puedo recordar lo demás.
Hemingway da un brinco por la borda, comienza a nadar entre las olas suaves que tiene nuestro alrededor, sus brazadas enérgicas lo mantienen a la par del barco, dentro la gente sigue con la calma de no ver la marea.

Los fantasmas se hacen presentes y todo comienza a empeorar. La presión del agua comienza a romper las ventanas de los camarotes, todos caemos como en una coladera, el candelabro central hace un hueco mayor en la duela y todos comenzamos a deslizarnos irremediablemente.

Aquí en específico solo recuerdo el agua entrando violentamente por la nariz, un frío espantoso, una humedad absurda, madera flotando y la soledad del océano (vaya drama).

Dentro de poco anochece (de nuevo) y Hemingway arriba tranquilo, y se pone junto a mí. Yo procedo a explicarle que no entiendo como se ha jodido todo, que el aura tan tranquila que teníamos es lo que ha terminado por hundirnos. El ríe brevemente, voltea a ver la luna imponente sobre nosotros, enseguida me dice que es el destino de las cosas, la naturaleza todo lo jode. Sus palabras me dejan pensando unos momentos más, me dejan abstraído de la humedad, de la fatiga y de lo absurdo de todo; tu risa me golpea de improviso, tus manos y una imagen breve de ti volteando para otro lado.

Entonces ahí me tienes, en medio del océano, en un naufragio fallido, junto a Hemingway, con la jodida naturaleza  y tu recuerdo como aminorando el drama. le digo que te quiero, que simplemente no tiene sentido nada, ni siquiera lo anterior descrito, le digo que él está muerto, que hace años de ello y que siquiera pudiera entender lo que dice, sería un fallido intento más, pues tengo una certeza racional de que él no es él.

Al final, solo se carcajea enérgicamente y me lanza unas palabras finales: las cosas son lo que uno cree.

Como conclusión entonces puedo decir sin temor a equivocarme que:
1-      Te quiero.
2-      Hemingway está muerto

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