24.3.15

¿Por quién reverdecen los llanos?

Siempre es agradable ver los vacíos urbanos entre la prisa de las construcciones, el tráfico y las personas caminando; el sentirse parte de todo el drama y caos que conlleva vivir en una ciudad troglodita que pretender ser una mejor versión de sí misma.  Así me siento con respecto a los sucesos recientes de mi vida laboral, el saberme en plenos donde hay espacios para pensar y restructurar lo que sea que quiera, espacios que dan aire y claridad en lo que aproxima. El golpe inminente de todos los defectos defeños, el cauce natural del progreso que se avecina y nosotros lo sabemos, pero no queremos aceptarlo del todo.

Afuera, entre todo el vaivén de personas arrastrando las loncheras y las mochilas entre tanta contaminación y polvo y baches con profundidad que parece no tener escrúpulos, tengo la certeza que hay personas que sonríen secretamente aún cuando la rutina los mantiene atados a sus silencios y circunloquios que toman papeles protagónicos durante la mayor parte del día. Personas que van como recitando lo que hacen, anteponiéndose a lo que está por suceder, tomando turno en los reflejos venideros para saber cómo reaccionar ante dichas situaciones.


Entonces, estas situaciones orquestalmente disfuncionales, van creando momentos que rompen el esquema absurdo que nos rige, van como haciendo un terrorismo en contra de la urbanización bestial y desmesurada que nos traga de un bocado que va menguando en dificultad, pero ten por seguro que el verde de los pastos es un regalo para la persona que decide tomarlo, aquel que aún en medio del tráfico y la vuelta de rueda se mantiene absorto en cada paraje, preguntándose el por qué del verde vivo y constante.

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