6.3.15

Sobre el porque a veces mi cuarto es tan helado.

Hay una nota que dice Run y eso es lo de siempre, el correr como loco para calmar la ansiedad y estar un poco más socialmente aceptable. Hay un montón de notas sobre el escritorio que quisieran decirte te quiero, pero se han quedado en el camino pues nunca es del todo certero. Las llaves deben estar por algún lugar entre las cobijas, el celular se ha quedado sin batería y el teléfono de la pared está desconectado. La lámpara del escritorio ilumina el resto del cuarto y cuando no, la ventana hace el resto, pues la cortina siempre está recogida para un lado. Hay 5 sillas y solo dos de ellas pueden usarse al momento. la guitarra en su estuche junto a un par de sillas y los libros están en el estante lidiando con el frío y la humedad de esta noche en particular, hace silencio mucho pues son las tres de la mañana, la hora ideal para un café entre líneas, la hora ideal para aclarar la mente.

Entonces probablemente te encuentras haciendo tus labores en determinada parte de la ciudad o predisponiéndote a dormir y recuperarte un poco para el rush de mañana; y tu cama no es aquí ni siquiera una lugar cercano; es un lugar que encuentra equidistante al extrañamiento que te tengo.

Mi cuarto sigue helado, no es una condición habitual, es un caso atípico para este espacio que suele tener una sensación abrazadora. He llegado a la conclusión de que el frío repentino es un hecho que se ve claramente provocado por tu ausencia, pues el frío es la ausencia del calor, una condición meramente subjetiva, y tú eres el lugar más cálido que conozco.


Por lo tanto, tu ausencia es el más crudo invierno, el más desolador momento por el que se pueda atravesar en estas fechas, a estas alturas, el clima es un factor que se queda en segundo plano.

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