24.11.16

Vértigo



De pronto una ruptura un espacio habitable, como el de una concha mientras las olas golpean. El viento cobija cada línea y segmento; bañados en luz nos dispersamos entre ranuras y fragmentos. Movimientos erráticos firmes, de lento procesar como acumulando impacto. Sonidos regresan, dan la vuelta tranquilos. Espero sentado.

Hay algo absurdo en el vértigo, no en el sentido romántico de creer que la profundidad nos llama, nos atrae sin nuestro consentimiento y nos sentimos rendidos ante su imponente presencia. Va más en el sentido evolutivo, de saberse lejos de las ramas. Nos toma años poder separarnos de nuestros orígenes incómodos y por fin caminar erguidos, distanciarnos brevemente de aquello que nos mantenía a salvo.

Algo parecido sucede cuando las personas con las que interactúas siguen un rumbo distinto y de lejos puedes ver como la diferencia crece en aspectos diversos y te sientes aleado, pero no puedes evitar preguntarte donde estás parado ahora.

Hay un tercer aspecto, una clase de vértigo emocional; puedes ver los destrozos del naufragio inminente, los errores aguardando y las malas decisiones. Brevemente te seducen y temes caer. Aguardando frente a la plaza y el auto encendido; tu cigarrillo termina por consumirse y apenas y puede dar una bocanada. La luz se enciende, las puertas se abren. El auto arranca.


¿Qué haces?

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